Mansa chatarra, los sueños de Ferrer Lerín

En uno de sus peculiares libros, Enrique Vila-Matas rastreó las biografías de escritores que un día habían hecho mutis. El “preferiría no hacerlo” del personaje de Melville fue el “leit motiv” de una espléndida colección de relatos que dio en llamar Bartleby y compañía (Anagrama). Allí descubrí a un personaje curioso que por azares más o menos perseguidos se fue de Barcelona para recalar en la localidad de Jaca, en el Pirineo aragonés, estudiando a las aves necrófagas al tiempo que silenciaba una voz poética que había cosechado admiradores y hasta había sido considerada como una de las “novísimas” de Castellet.
Este casi desconocido “bartleby” pareció salir de ese ensimismamiento al tiempo que Vila-Matas daba detalles de su singladura. Hasta tal punto que en la última década ha publicado una amplia y variada cantidad de textos, con sellos bien distintos (algunos tan conocidos como Galaxia-Gutemberg o Tusquets); ha cosechado elogios de la crítica, ha provocado sorpresas en no pocos lectores y hasta ha sido galardonado con alguno de los muchos premios que pueblan la esfera literaria de este país.
Su reaparición se ha visto refrendada con un blog muy particular, donde combina textos de desigual intensidad con imágenes curiosas y/o familiares y comentarios de todo tipo, muchas veces con una potente carga onírica y una voz muy personal. Precisamente son los sueños, y sus derivados, lo que ha recogido ahora en un libro singular, por muchas razones. Se llama Mansa chatarra, como uno de los breves textos de esta recopilación que ha hecho el profesor José L. Falcó. Lleva unas semanas en las librerías, ha sido reseñado con bastante buena acogida en algunos suplementos literarios y, como va anunciando Ferrer Lerín en su blog, está girando por tierras aragonesas a la espera de torear en plazas más grandes.
El libro como objeto es delicioso, en una muestra más del buen hacer de sus editores (Jekyll and Jill). Una tipografía sobria y elegante, en una edición a la antigua con sobrecubierta y papel ahuesado, que se completa con un detalle (como casi siempre en las obras de este pequeño pero exigente sello) que seguro agradará a los lectores. Corran a comprarlo para descubrirlo.
Los textos de Ferrer Lerín que componen Mansa chatarra tienen variada procedencia, como señala en el prólogo el profesor Falcó, y el conjunto de la obra quizá se resienta de ello. Ello no es óbice para que muchos de ellos brillen y evoquen a Borges, al que Ferrer Lerín ha dicho admirar. Son textos breves, rara vez alcanzan las cuatro páginas, cargados de un lirismo que no suena ampuloso ni estridente. Atesoran imágenes de gran belleza. La fantasía rica en detalles y giros sorprendentes lleva al lector a volver al inicio y a dejarse llevar por esa imaginación desbordada. Los lectores del Bestiario que publicó Galaxia Gutemberg en un bello libro enseguida reconocerán algunos de los seres que entonces y ahora sorprendían con su monstruosa apariencia. Los que frecuenten su blog también recordarán algunos de sus apuntes casi surrealistas.
En un conjunto de aspecto tan atractivo, en el fondo y en la forma, le sorprende a uno la coz que Ferrer Lerín le suelta a la lengua que en algún momento de su vida barcelonesa le debió de acompañar. De una manera ciertamente enrevesada se refiere (y cito de memoria) a “una lengua destinada al vulgo que ahora algunos se empeñan en elevar a un rango superior”. ¿Forma parte de alguna pesadilla este ataque? ¿Es posible que textos de tan serena belleza puedan quedar empañados por un comentario que resulta extemporáneo?

mansa chatarra

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Un comentario en “Mansa chatarra, los sueños de Ferrer Lerín

  1. Ese comentario, me parece, se refiere más a las ediosas utilizaciones políticas Del mismo que a la lengua en sí. Y dicho con la sorna que caracteriza a este escritor luminoso; al menos a mí me ha hecho reir mucho, tan descarado. En “Una familia como la mía” abunda sobre el tema. En lo mejor y más humoristico De nuestra literatura. Ójala mas escritores fueran tan críticos, desopilantes y poéticos como él. (Como se puede comprobar, sufro del corrector de mi aparato informático. Lo estrellaría!).

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