En el nombre del padre

La faja que acompaña a la tercera edición afirma que es “el libro más sincero y probablemente más hermoso de Luis Landero”. El autor de aquella obra inolvidable que es “Juegos de la edad tardía” (1989), el escritor que habla de su oficio en “Entre líneas. El cuento o la vida” (2000) es ahora además protagonista de un texto en el que su padre acaba siendo figura capital, tanto por su presencia (al inicio) como por la omnipresencia de su ausencia (desde mediado el relato hasta el final).

landero El balcón de invierno (Tusquets, 2014)

Con esta novela de su vida, Landero otorga el protagonismo a sus padres: él es un hombre que en busca de oportunidades para su familia deja su Extremadura natal y los embarca a todos hacia Madrid; ella será que la dé consistencia a esos sueños montando un taller de costura en casa que dará trabajo a las mujeres de la familia mientras las ensoñaciones del hombre se van disipando por mor de la holgazanería, la exigencia hacia los demás que no se aplica a sí mismo y una supuesta ambición que no pasa nunca más allá del alféizar de la ventana. Las pequeñas historias de los padres devienen en hilos narrativos que van imbricando a las hermanas del narrador, a un tío guitarrista, a los parientes lejanos que quedaron en el pueblo… Este repaso al árbol genealógico permite al narrador viajar atrás y adelante en el tiempo, visitar espacios alejados, retratar oficios perdidos y las nuevas obligaciones en la capital, rememorar la infancia y describir el duro aprendizaje de los años adolescentes sin omitir, ya en el otoño de su vida de profesor jubilado, un balance de lo que ha sido la vida de un escritor (el narrador-protagonista) que paradójicamente se crio en un hogar en el que había un solo libro (y era además un volumen que pertenecía a una colección incompleta). Este recorrido circular, que se abre con el inocente artificio de mostrar las primeras páginas de una novela que no acaba de avanzar y lleva al narrador a evocar sus primeros años en la capital, va mucho más allá del retrato familiar y del ajuste de cuentas con el padre. Esa mezcla bien administrada de nostalgia y realismo va abriendo el foco de manera imperceptible y plasma un retrato en sepia de una sociedad que quería quitarse de encima los ecos de su pasado y quería crecer para ser algo de provecho. La dureza de la posguerra, los recuerdos amortiguados de alguna batalla de la guerra civil, el contraste entre el campo y la ciudad, la emigración interna, el desarrollismo, la llegada de los turistas buscando tipismo, la rebeldía de los jóvenes sin saber muy bien hacia dónde encauzarla son algunos de los planos panorámicos en los que se enmarca la historia familiar de los Landero. Sinceridad y hermosura, como dice la faja promocional, en una sobria edición de Tusquets (Landero es fiel a la editorial de las cubiertas negras). Más que un álbum de recuerdos familiares, más que ajuste de cuentas paterno filial, más que una evocación del paraíso perdido, es un retrato sereno y certero de un país.

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