No hay finales felices

Descubrí a Jhumpa Lahiri por las recomendaciones literarias que hacía Carlos Boyero con su vehemencia habitual en sus columnas de Babelia o en los encuentros con los lectores que primero sostenía en El mundo y luego en El país. Sin ser devoto de su manera de entender la crítica de cine, sí que me he sorprendido en numerosas ocasiones con gustos coincidentes por lo que a música (el Boss, Wilco) y literatura se refiere (Don Winslow, entre muchos otros).

tierra desacostumbrada jhumpa lahiri

El primer libro de Lahiri que cayó en mis manos fue Tierra desacostumbrada (Salamandra), con un título tan forzado que parecía una traducción literal del Unnaconstumed earth original (2008). Parece más cercana Una terra estranya de la traducción al catalán. Me enganché sin remedio con los relatos que a modo de “tranche de vie” desarrollaban unas situaciones en las que miembros de diversas familias indias establecidas en EEUU vivían las contradicciones que genera la lucha entre dos identidades, dos culturas con difícil trabazón, y que son en buena medida el detonante de los conflictos que se enseñoreaban de cada historia. Unos hermanos en los que él es alcohólico y ella “una mujer de su casa”, residente en Londres tras casarse con un historiador de arte cargado de dinero; una pareja que asiste a una boda y deja en casa de los abuelos a sus dos hijos y en la celebración descubre que sus pasados respectivos están llenos de misterios y que el día a día de unos padres con hijos pequeños mata la pasión, el sexo y hasta el cariño; una mujer india que vuelve a EEUU para tratarse un cáncer; una hija y su padre viudo que rehace su vida… Recuerdo que los personajes iban formándose y creciendo a medida que avanzaba el relato, que los viajes por vacaciones a la India no hacían sino enfatizar esa lucha sorda por evadirse de las tradiciones y los roles asentados durante generaciones sin que los personajes lograran integrarse del todo en la realidad americana, más pendiente del día a día, de los retos del futuro, de las aspiraciones de medrar social y económicamente a costa de ir soltando el lastre que imponían las reglas, las vestimentas y hasta las comidas de un lugar de origen separado por miles de kilómetros del escenario de lo narrado.

La aparente facilidad de muchas novelas americanas por contar historias, simple y llanamente, acabó por subyugarme y cuando terminé enseguida quise leer más obras de Lahiri. Vi que había ganado el Pulitzer en el año 2000 por otra colección de relatos que fue traducida al catalán como Intèrpret d’emocions (Columna). El intérprete de emociones que da título al libro es el protagonista de uno de los relatos largos que conforman esta colección, quizá el más sutil a la hora de mostrar ese choque entre una cultura ancestral y sus valores solidarios nacidos de la necesidad de sobrevivir con el materialismo frenético de la vida americana, más apegada al triunfo social y con apremios más banales. “Sexy” era quizá el relato más frívolo y “Quan el senyor Pirzada venia a sopar” podía leerse como un repaso histórico al nacimiento de Bangla Desh y las funestas consecuencias que tuvo para miles de familias.

Ambas colecciones de cuentos atesoraban unos valores literarios que parecían marca de la casa: narraciones bien orquestadas, breves apuntes intercalados que devienen en detonantes de unos finales sorprendentes, esa lucha permanente entre dos culturas muy alejadas…

la fondalada jhumpa lahiri     la hondonada jhumpa lahiri

Salamandra publico el año pasado La hondonada, pocos meses después de que apareciera el original en inglés, y en catalán apareció como La fondalada (Ara llibres), que es la que leído. Alude el título a una balsa que se cubría en la época de lluvias en un barrio humilde de Calcuta, todavía sometida a los coletazos de la metrópoli británica, a pesar de que la independencia de la India ya era un hecho. Se fraguaba entonces una lucha desigual entre unos jóvenes que querían imitar el comunismo para evitar que las élites del nuevo país no fueran más que una sustitución autóctona de la forma de hacer los colonizadores. Dos hermanos, Subbash y Udayan, son los protagonistas –el segundo, en ausencia durante más de la mitad de la novela– de esta narración cuyo trasfondo puede leerse como una visión fragmentaria de la historia de ese subcontinente desde la independencia hasta prácticamente anteayer.

Si Ubayan es el “revolucionario” que quiere cambiar las cosas por la vía rápida, Subbash es el hombre tranquilo que –sin cuestionar la rebeldía del hermano– toma otro camino, acaba emigrando a EEUU (siempre ese choque de dos culturas que la propia Lahiri vivió en carne propia) para seguir sus estudios de biología marina. La cotidianeidad del desarraigo queda en esta novela, no obstante, en un segundo plano; las controversias entre las dos realidades es aquí más histórica y política que cultural, y el hilo argumental lo desarrolla Gauri, una mujer que compartirán ambos hermanos a causa de una tragedia ocurrida en la hondonada que no se puede desvelar para no destrozar media novela. Son setenta años de una saga familiar los que pasan ante los ojos del lector, con el eco de aquella tragedia planeando casi en cada página, inmarcesible al paso del tiempo.

Es la novela más americana de Jhumpa Lahiri, como una búsqueda –según explicaba en una entrevista en La vanguardia– de “las cosas de nuestra vida que olvidamos y luego vuelven a aparecer”. El peso del pasado, los sentimientos sometidos a las razones mejor intencionadas, el abandono, los nuevos valores de una sociedad en crisis moral son algunas de las subtramas que van entrelazándose en esta novela “desacostumbrada” de Lahiri en la que, como en sus relatos anteriores, si no acaba del todo mal tampoco es que termine bien.

La propia escritora lo decía en la entrevista antes señalada: “incluso en los momentos felices existe la pérdida”.

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