Los diarios de Uriarte, alta destilación

Sin pretenderlo, me he dado de bruces con una foto de Iñaki Uriarte en el periódico. Buscaba otra cosa y ha aparecido sentado en un sofá con pinta de cómodo, y de fondo una biblioteca bien surtida. No se especifica en el pie si ésta es su casa. Hubiera preferido no conocer sus rasgos, porque me lo había imaginado de otra manera, bien es verdad que también podría encajar en cómo lo “veía” a través de sus palabras, de sus “diarios”, que estoy disfrutando como un enano. Iñaki, así con esta familiaridad me siento ya, nos ha abierto las puertas de su casa y ya lo siento como alguien muy cercano.

He llegado a este segundo volumen de sus diarios (el que va de 2004 a 2007) después de ver varias reseñas elogiosas de plumas bien distintas; después también de que Juan Tallón se decidiera por él (sin desdoro de Trapiello) en su centenar de “Libros peligrosos” (Larousse, 2014) y, por qué no decirlo, he llegado a Uriarte intrigado por un texto en el que precisamente Trapiello (el diarista por excelencia, o como tal parece tenerse él mismo) hablaba con desdén un libro que de forma más o menos tibia había calificado de “divertido”. Este elogio lo habían utilizado en la editorial Pepitas de calabaza para promocionar la aparición de Uriarte y Trapiello se desdecía de aquel pequeño halago, y aprovechaba para dar publicidad en su propio blog a un correo electrónico que se cruzaba con Miriam, mujer de Trapiello. Aquí puede leerse todo el lío, con algún comentario mordaz e inteligente de los lectores.

Más comentarios, los de los lectores de otro blog, en este caso el del también diarista José Luis García Martín –avalista en su momento del libro de Uriarte y rendido admirador en la actualidad– acaban de arrojar luz y, una vez leídos todos (lo que lleva su tiempo) está bastante perfilado el terreno de batalla donde se atreve a pelear Uriarte.

diarios uriarte 2 volumen

Soy lector de antiguo de los volúmenes de Trapiello y me encanta ahora asomarme a la intimidad de Uriarte. Enseguida me encuentro a gusto en su compañía. Hombre de pocas palabras, en un volumen de menos de 200 páginas abarca los recuerdos de cuatro años, de 2004 a 2007. No hay efusividades líricas ni cantos a la naturaleza. El paisaje es básicamente urbano: Bilbao, Benidorm, alguna escapada a San Sebastián, algún viaje a Londres o Avilés y remembranzas de una infancia lejana en Nueva York. Cultiva la ironía, le gusta –como a Trapiello– enmascarar bajo enigmáticas X a personas a las que atiza algún zurriagazo pero en otras ocasiones no escatima detalles para dejar en evidencia a quien él considera que lo merece.

Su gato Borges se pasea por las páginas con el mismo porte perezoso que debe de gastar por el pasillo de la “encantadora” casa que habita con Uriarte con su mujer, sin hijos. En diversas ocasiones, sin atisbos de jactancia, señala el autor su condición de rentista; como en otros momentos hace elogio de la pereza, se ríe de sí mismo por su gandulería e ironiza sobre el mucho tiempo libre del que dispone.

Y habla de sus lecturas, de Montaigne, de Atxaga, de su querencia por los clásicos franceses, de compañeros de generación en el mundo de las letras con los que en algún momento pudo coincidir de copas por Bilbao o Barcelona (también en la capital catalana vivió una temporada). Habla de aquello que los separa ahora, renovadas sus ideas acerca del nacionalismo, (vasco, catalán o español), no se explaya en cuestiones políticas aunque tampoco rehúye cuestiones de actualidad ni deja de deslizar comentarios maliciosos. Y lo que nos llega, de tan destilado y sabiendo que a buen seguro será leído por los mencionados, es valiente, travieso y hasta divertido.

“Algunos hablan de ‘la enfermedad moral de las sociedad vasca en los años ochenta’. No recuerdo que en el resto de España hubiera una salud muy diferente”. Es una breve muestra del tono de estas páginas. “El gato vive en el futuro. Oye los sonidos un instante antes que yo (…) Alguna vez le he visto asustarse por un ruido que yo iba a hacer un momento después”. Otra. “Pasamos la Nochebuena en familia, en San Sebastián. (…) Salieron los temas clásicos de discusión: el papa y el rey.”. Y otra.

Sardónico, escéptico, descreído, sincero, tierno, bien informado… son algunos de los adjetivos que me vienen a la cabeza al evocar estas escasas doscientas páginas. Estoy contento, porque sé que hay volumen previo y ya estoy embarcado en la lectura del tercero, que llega hasta 2010. Dicen que Uriarte dijo que después no volverá a publicar más entregas. Sería una auténtica pena.

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