Las apariencias no engañan

Todo es elegante en esta edición de “Rembrandt” (Norma, 2013), un cómic del artista holandés Typex que recrea la vida de su paisano en un libro de gran formato encuadernado en cartoné. Esta sobria elegancia empieza ya en las guardas del libro, con una indiana a dos tintas que alterna retratos de los muchos personajes que aparecen en las doscientas y pico páginas de la obra; y sigue en el índice, clásica combinación de tipografías y dibujos a pluma; continúa en las portadillas que abren cada capítulo y aparece de manera serializada en las dobles páginas que ejercen de introito de cada historia: a la izquierda aparece un ave, destacando en su sencillez sobre un fondo desnudo; en la derecha, un dibujo tenebroso, remedo de un grabado, ocupa todo el protagonismo. Es el esbozo de lo que se explica en cada capítulo.

rembrandt de typex

Esta elegancia aparece envuelta en una serie de trampantojos que emparentan el libro, como artefacto físico, con esas obras lujosas tan del gusto de las editoriales de estampas. Hay una falsa sobrecubierta con sus respectivas solapas y un par de rasgones por los cantos por donde más sufre un libro: la esquina inferior del corte y la esquina superior del lomo. Estos rotos permiten entrever una no menos falsa cubierta en piel con un stamping metálico, obviamente, falso. Para alimentar este juego con el lector, también la tripa contiene elementos ficticios: una cinta de lectura por la que hay que pasar la mano varias veces, para cerciorarnos de que no es mentira, y hasta una esquina doblada en la página 109 que es también un juego de agudeza visual, totalmente conseguido hasta el más mínimo detalle.

El envoltorio da paso a unas páginas llenas de movimiento, que Typex parece someter a una estructura bien definida (portadilla a doble página + doble plana de introducción del capítulo) pero que enseguida salta hecha añicos, cuando las viñetas se desarbolan y todo se convierte en una sucesión de técnicas de dibujo, una combinación de páginas con texto abundante y otras muchas totalmente mudas, con viñetas que rompen los límites de la cuadrícula y suceden a retratos a toda página. Hay esbozos, escenas cuidadosamente detalladas, imágenes a una tinta y panorámicas que son una explosión de color y viveza.

Typex-Olifant

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Semejante alarde técnico, artístico y hasta conceptual está al servicio de la vida de Rembrandt, un artista genial al que persiguió la tragedia y que se emborrachó de éxito hasta perder de vista cómo vivían sus sucesivas mujeres, sus hijos y hasta los escasos amigos que conservó de la infancia. Aparece de vez en cuando un espejo roto en el que debía de mirarse para elaborarlos cientos de autorretratos que llegó a hacer, que cubren toda su vida y hasta sus estados de ánimo. Es éste un libro apabullante al que hay que volver muchas veces para disfrutar plenamente de su ambición de planteamiento y su riqueza visual.

En la falsa solapa de la falsa sobrecubierta aparece el texto del que dice ser “conservador senior de dibujos” de Rijksmuseum de Amsterdam (¿será falso también este tal Marijn Schapelhouman?). Son pocas palabras pero muy precisas acerca de lo que el lector tiene entre manos. Dice del biografiado que fue “imprevisible, vanidoso, arrogante, grosero, irritable pero aun así conmovedor y a veces patético”. Y dice de esta obra que lo retrata que es “un libro de estampas extraordinariamente ricas para los espectadores expertos”. Ciertamente.

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