“Siempre en movimiento”

Una psicóloga me explicó una vez que tenía una paciente que, acabada la visita, marchaba y volvía al poco rato para asegurarse de que se había ido. No sé si fue esta historia la que me indujo a leer a Oliver Sacks o simplemente me recordó el título de uno de sus libros más famosos: “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”. En cualquier caso, durante los últimos veinte años, he sido un lector fiel de la obra de Sacks si hago caso de mis notas y de las fechas de los exlibris. En enero de 1998 devoré el citado libro en la inconfundible versión de Muchnik Editores (1987). En septiembre de 2001 fue “Un antropólogo en Marte”, que recuerdo que compré en el remate de una librería que cerraba sus puertas. Dos años m´s tarde leí “El tío Tungsteno” (lo más parecido a unas memorias de infancia) y por entonces cayó en mis manos también “Migraña”, todos ellos publicados en Anagrama. En el verano de 2009 leí “Musicofília. Històries de la música i el cervell” (La Magrana) y por alguna estantería andará un tomito publicado por National Geographic con los recuerdos de una excursión a Oaxaca de Oliver Sacks, que fue con un grupo de amigos para conocer in situ unos helechos muy peculiares. No recuerdo cuándo lo leí pero sí tengo muy presente la admiración que me producía esa manera de escribir apasionada, didáctica, eléctrica, absorbente, erudita.

libros de sacks

Así son todos los libros de Oliver Sacks, ya aborde los síntomas de un afectado por el síndrome de Tourette, explique su infancia en Londres, en plena guerra mundial, o rememore sus relaciones familiares. Y, no podía ser de otro modo, así son las memorias que ha publicado Anagrama hace un par de meses. “En movimiento. Una vida”, se llama este libro póstumo, pues Sacks murió el pasado mes de agosto, pocos meses después de anunciar en una bellísima columna en The New York Times que el cáncer que padecía había derivado en una metástasis y que no había salvación posible.

No sé si habrá la posibilidad de leer un nuevo libro de Sacks, nadie ha dicho que haya más capítulos de sus memorias o que quede algún inédito. Pero no se puede negar que estas memorias sacian las ansias del lector más exigente. Aquí están todas las características de la obra del gran neurólogo británico que hizo casi toda su carrera en EEUU: amenidad, rigor, socarronería, afán divulgador, curiosidad insaciable, autoexigencia, franqueza… Y los capítulos abordan cuestiones tan variadas como la devoción por su tía Lem, las duras palabras que le lanzó su madre al conocer la homosexualidad de Sacks, su relación con personajes tan diversos como Francis Crick (que disfrutaba enormemente de sus historias clínicas), Robert de Niro y Robin Williams (que protagonizaron la versión cinematográfica de “Despertares”), el poeta W. H. Auden, el neuropsicólogo A. R. Luria o el psicólogo Knut Nordby, totalmente ciego al color y con el que visitó una isla de Guam con un curioso y alto porcentaje de habitantes con la misma dolencia.

en movimiento

Sacks va entreverando episodios personales como su devoción por las motos, su dependencia de las drogas durante unos años o su afición al culturismo y la halterofilia, sin dejar de lado su homosexualidad o la abstinencia sexual que practicó durante décadas, con la explicación de su actividad profesional y, con ello, la descripción de enfermedades y pacientes que parecen sacados de un mundo de ciencia-ficción: enfermos que presentan cientos de tics por minuto, pacientes ciegos al color o, por el contrario, que no pueden escuchar una pieza de música sin convertir cada nota en una tonalidad cromática; enfermos abandonados durante años que vuelven por un momento a la realidad (como los que vemos en “Despertares”), alguien incapaz de recordar qué acaba de decir pero que puede dirigir un coro con decenas de personas cantando una pieza sofisticadísima…

El protagonismo omnipresente de la familia se aprecia de manera sutil en un momento durísimo, cuando sus padres ya han muerto, sus hermanos están lejos o también han fallecido y la casa familiar de Londres deja de ser el “lugar impregnado de recuerdos y emociones” para convertirse sus visitas en meras visitas “y no en un regreso a mi país y a mi gente”.

En algún momento de este libro, Oliver Sacks habla de su amistad con el poeta Thom Gunn y evoca el poema “On the move”, con unos versos muy elocuentes: “En el peor de los casos, estás en movimiento; en el mejor, / no llegas a ningún absoluto en el que descansar, / siempre estás más cerca si no te detienes”.

Dice Sacks de su amigo el poeta que siguió avanzando, siempre en movimiento, hasta el mismísimo momento de su muerte”. Lo podía haber dicho de sí mismo.

 

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