El libro de una vida

Hay pequeños detalles que van encajando de improviso como las piezas de un puzle espontáneo en el que nos aparece nuestra propia trayectoria. La Cadena SER que hace más de veinte años ensanchaba los límites en los que se movía un joven de provincias como yo acogía una voz muy particular que parecía hablar siempre desde una habitación vacía, con el sonido reverberando en sus paredes desnudas. Aquel oyente joven que iba descubriendo lentamente el mundo mientras aspiraba a ser periodista siguió escuchando esa voz, en esa SER que iba cambiando lenta pero inexorablemente si tener muy claro, ni la cadena ni sus oyentes, que el cambio fuera para mejor. Talludito ya el oyente, alejado de esas redacciones en las que soñó trabajar y con un periodismo bien distinto del que le enseñaron en la facultad, aquella SER diametralmente distinta sigue albergando hoy aquella voz peculiar que, con su presencia en la cadena, le otorga un punto de credibilidad al tiempo que certifica que cuarenta años después, quizá medio siglo, el periodismo honesto, que no independiente, se puede ejercer cuando hay valentía para acogerlo, libertad para ejercerlo, y, lo que más me gusta de este hombre, historias menudas que merecen ser contadas. Para trascender y convertir lo cotidiano en algo digno de ser imitado.

Ese hombre es José (Josep) Martí Gómez y el joven que escuchaba sus crónicas desde Londres, sus comentarios abrochando la Hora 25 de Carlos Llamas o sus certeras entrevistas en el A vivir que son dos días de Javier del Pino, ese joven (decía) ha ido creciendo y hasta ha tenido ocasión de trabar contacto profesional con aquella voz que llegaba con eco, para disfrutar de un par de horas de recuerdos alrededor de las volutas de humo de un buen habano. Porque Martí Gómez también desgranó su buen hacer periodístico en una tertulia de Radio Barcelona, otra vez la SER, llamada Saló de fumadors. Dicen que él, Joan de Sagarra y algún otro compinche, dejaban el estudio envuelto en brumas y que la ley antitabaco hace imposible hoy un programa así.

Me he encontrado ese periodismo cercano, certero, con verdadera obsesión por la cita fielmente reproducida, desprovisto de flashes y oropeles en otras instancias y medios (La Vanguardia, la web lalamentable.org), siempre con la firma de Martí Gómez. Y ahora, condensado en un libro gloriosamente desordenado, como las carpetas de un archivo que alguien va abriendo al azar, uno puede leer en silencio mientras resuena en su mente el eco de aquella voz que telefoneaba desde Londres, que acompañaba al añorado Carlos Llamas o que augura actualmente en las mañanas del fin de semana un par de horas de periodismo hecho a la manera antigua, sin estridencias, dando la voz a un cura que ayuda a refugiados, a una joven filósofa que se cuestiona el reparto de la riqueza en la sociedad en que vivimos, a gente que tiene cosas que contar. Un periodismo hecho con honestidad, sin equidistancia.

el oficio mas hermoso

“El oficio más hermoso del mundo” (editado por Clave intelectual) es un libro de recuerdos, más que unas memorias. En la radio, Martí Gómez habla sin ambages de “fui a buscar en mis notas” cuando rememora a personas e historias acaecidas hace tiempo y quiere precisar una declaración o evocar un momento concreto. Este libro sobre el periodismo bebe de esas notas, de ahí ese subtítulo de “una desordenada crónica personal”, y viaja a lo largo de cincuenta años de profesión para acabar esbozando un retrato bastante fino de este país en estas décadas. Evocaciones de personas tan variopintas como el cardenal Tarancón, Puig Antich, Vázquez Montalbán, Francisco Paesa oTeresa Pàmies se alternan con historias de tribunales, recuerdos de redacciones, anécdotas de transiciones o perlas sobre el oficio de escribir.

El ojo de Martí Gómez para retratar un personaje a través de sus palabras, aunque sean pocas o parezcan insustanciales, se puede ver en una de las pocas veces que trata el pasado más cercano, cuando recuerda una frase de Rajoy que da la verdadera medida del personaje: “cuando se planifica una política compleja lo mejor es estar por ahí”. Toda una declaración de intenciones, un epitafio político o una melonada sin sentido, pero en cualquier caso, un resumen genial de no sé cuántos años de dedicación política.

En una entrevista radiofónica (en la SER, no podía ser de otro modo, en el necesario programa Punt de llibre de Pilar Argudo), dejaba Martí Gómez que otros hablaran de él y de su libro y les acababa preguntando si no tenían ninguna crítica que hacerle. Es difícil. Se puede cuestionar ese desorden al que aludíamos antes, pero creo que forma parte del sentido del libro.

Es la manera ideal de acercarse a alguien que es un ejemplo, posiblemente sin pretenderlo. Hay otros libros escritos por él, la revista Jot Down atesora en la red una entrevista del año 2011 que le hizo Enric González. Se pueden escuchar los podcast del A vivir que son dos días.

Al final, todo nos sabrá a poco.

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