Growing up

Como esos clásicos que dicen que podemos ir leyendo varias veces a medida que crecemos y nos van diciendo cosas distintas (o las vamos encontrando nosotros donde antes no habíamos sabido verlas), Thunder Road es una canción de Bruce Springsteen en que la que ido he viendo cómo crecía yo a la par que el texto envejecía de manera magnífica. La habré escuchado en casi todos los conciertos del Boss a los que he asistido, acompañado de amigos de la infancia, de la novia que desde hace años es más que una compañera en todo, de gente desconocida con la que gritaba y saltaba después de no haber cruzado más de dos palabras. Y siempre descubriendo cosas nuevas, fijándome en detalles distintos, dándole un nuevo sentido a la historia que se narra. Una mera historia de “cars and girls”, si hacemos caso de una canción que en tono de burla hizo Prefab Sprout para criticar a esos soñadores de pacotilla que venden falsas ilusiones. Para mí, una de las mejores letras del Boss, elaborada con una madurez que desarma si tenemos en cuenta que está incluida en Born to run, un disco de 1975.

Es verdad que se habla de chicas que escuchan a Roy Orbison cantando a los solitarios, claro que hay autopistas por las que huir, y aparecen caminos polvorientos y motores que rugen pero el texto arranca con una imagen preciosa de un vestido tendido que ondea en el porche mientras se superpone la visión de ella bailando y sigue toda una declaración de amor en forma de una promesa de cambiar, de romper con el pasado para iniciar una nueva vida, de liberarse de las ataduras. Una canción con un poder de evocación enorme: “tengo esta guitarra y aprendí a hacerla hablar”, que anticipa a la pareja que viaja “río abajo” en The river. Es un texto que para mí alguna vez fue simplemente una canción, que más tarde me insufló ánimos para romper con la rutina, “coger la carretera del trueno” y abandonar la tranquilidad familiar en pos de algo que no sabía bien qué era; que hubo unos meses en los que hice mía esa inocente declaración de amor, de alguien que hace promesas que no tiene ninguna certeza de convertir en realidad y que ahora mismo estoy escuchando con la misma sonrisa bobalicona que se me dibuja cada vez que oigo las primeras notas de esa armónica eterna… hasta que el piano eleva el crescendo que se cierra con Jake Clemmons (ahora) acompañando al saxo los últimos golpes de guitarra de Bruce.

Es difícil deslindar momentos clave de mi vida del fondo sonoro que el Boss les puso. Durante años sonaba Bobby Jean y recordaba una vieja historia de amor cuando oía el verso en que ella “camina bajo la lluvia”. Nació mi primer hijo el mismo día en el que aparecía el DVD del concierto que Bruce grabó en el Palau Sant Jordi de Barcelona, presentando The rising, al que pude asistir de chiripa, gracias a un amigo que venía con dos entradas y buscaba acompañante. Poco antes de que naciera mi hija me fui solo a ver el Olímpic de Badalona el concierto de una gira que meses después volvería a recalar en Barcelona: The Seger Sessions. Y también acudí, en la pista del Sant Jordi de nuevo, con una lámpara vintage coronando el escenario y Bruce prometiendo bulla en catalán: “Aquesta nit ens divertirem”.

La locura más grande que hice por el Boss fue salir un día de trabajar a las cinco de la tarde en Barcelona, pillar un avión a Bilbao, verle en un concierto en el flamante BEC de Barakaldo, dormir un poco y volver a coger un avión para estar en la oficina a las ocho de la mañana siguiente. Era la primera vez que el Boss recalaba en Bilbao y no quería perdérmelo. Un amigo me regaló la entrada y con ella la impagable experiencia de ver a los bilbaínos asistiendo a un concierto de Springsteen como quien va a un partido de pelota. Todo el mundo se conocía, la gente se cedía el paso, hacían comentarios divertidos de punta a punta del metro, cuando volvíamos de madrugada, y parecía que habían ido para hacer el cumplido al Boss, por tener el detalle de escoger Bilbao para su primera visita a Euskadi. Tiempo después fui por última vez al viejo San Mamés para ver de nuevo al “Jefe”.  No había pasado en esa ocasión por Barcelona y tenemos demasiados amigos en Bilbao como para dejar pasar la ocasión.

Desde entonces, el Olímpic de Montjuïc (con Radio Nowhere) y un par de veces el Camp Nou (con la gira de Wrecking ball y la presentación de The ties that bind) han sido mis últimas citas con Bruce. La sensación angustiosa de que quizá fuera la última vez que lo viera me ha acompañado desde el concierto de la Feria de muestras de Bilbao. Falsas alarmas. El emotivo vídeo que acompaña a Tenth Avenue Freeze Out, con ese recuerdo a cuando Big Man se integró en la banda o las imágenes de Danny Federici, muestra desde la gira anterior que The E Street Band también es mortal.

concierto boss

Dicen que la presente gira europea puede ser la despedida de esa banda cuya alineación podemos repetir de memoria. Sin ellos nada será lo mismo pero de momento podemos decir que los hemos vuelto a ver, y que no perdemos la esperanza de que regresen. Hay razones para creer que a volveremos a escuchar en directo Thunder Road, y habrá en nuestras vidas nuevos hitos que asociar a un disco del Boss, mensajes que cruzarnos de manera invisible, evidencias de que seguimos vivos.

Y vamos creciendo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s