Un niño quiere leer sobre los nazis

Tengo un hijo de doce años que quiere saber más cosas sobre la Segunda Guerra Mundial. Ha visto algún reportaje en la tele sobre las grandes construcciones de los nazis, ha descubierto películas que de manera más o menos explícita abordaban el tema de los campos de exterminio. La ingenuidad no exenta de dureza de El niño con el pijama de rayas, el padre sobreprotector de La vida es bella, el gamberrismo y humor negro de El tren de la vida han sido algunas de estas aproximaciones, sin osar todavía que se enfrente a colosos como La lista de Schindler, Shoah o al salvajismo de Malditos bastardos, por citar títulos bien distintos y maneras antitéticas de tratar el nazismo y sus consecuencias.

Esta especie de fascinación, absolutamente exenta de admiración, creo que radica en la ausencia total de lógica que tuvo el desarrollo y, lo que es peor, la aplicación de una ideología tan totalitaria y autorreferencial, que a los ojos de un niño puede ser un desatino fruto de alguien que no está en sus cabales. Las mastodónticas construcciones que detallan en los documentales, las cifras de detenidos, desaparecidos y muertos, las colosales exhibiciones de fuerza y poder, los miles de banderas que presidían cualquier celebración, con esa estética tan alineada y repetitiva llaman por fuerza la atención de un niño, al que la falta de experiencia aún no ha vacunado contra las estupideces de la especie humana.

Me pedía lecturas mi hijo y no acababa de encontrar un libro en el que se pudiera adentrar sin necesidad de mucha contextualización, de notas a pie de página. Descartados por ello el Diario de Ana Frank, la novela del “niño del pijama de rayas” (porque precisamente no pudo aguantar hasta el fin de la película al intuir lo que se le venía encima) y otras obras testimoniales, por esa dureza que hace apartar la vista de la página incluso a los lectores más curtidos, me llegó una recomendación de la página de lecturas infantiles Boolino, en la que hablaban de una pequeña novela que situaba para lectores a partir de 12 años.

y_tu_no_regresaste

La descripción aséptica de esta página quizá no me hubiera inducido a acercarme a “Y tú no regresaste” (Salamandra, 2015), un libro testimonial planteado como una carta que setenta años después dirige la autora, Marceline Loridan-Ivens, a su padre, detenido con ella, deportado a Auschwitz-Birkenau y desaparecido en un campo, o en el traslado a algún otro sitio. El recuerdo de una frase desencadena un relato estremecedor. Se la dice el padre a Marceline: «Tú podrás regresar, porque eres joven, pero yo ya no volveré».

Durante mucho tiempo devoré este tipo de testimonios, pero de la misma manera necesité luego de varios años de lejanía. Eran terribles en el recuerdo, más allá del grado de detalle con el que explicaban las atrocidades padecidas. Escribí sobre ello hace un tiempo, a propósito de una novela basada en la experiencia personal de Joaquim Amat-Piniella. Titulé aquel post “La culpa del superviviente”, porque es algo que siempre aparece en estos relatos, ya los escriba un intelectual como Jorge Semprún, un luchador como Mariano Constante o un fotógrafo como Francesc Boix. La sensación, perdurable, de que los que salvaron la vida tuvieron momentos de flaqueza, fueron cobardes, traicionaron algo o a alguien… está siempre ahí. Primo Levi no soportó este dolor y se quitó la vida; él, que había logrado vivir un día más, un mes más, un año más…

Algo parecido le ocurre a Marceline Loridan-Ivens. Quedan seis líneas para el final de su relato y se pregunta:  «¿Hicimos bien en regresar de los campos?» En las 91 páginas previas, en las que buena parte de su vida discurre ante nuestros ojos, no había atisbo de duda. Pero, al final, se lo cuestiona todo. Su familia quedó rota por la detención de ella y su padre, y sobre todo por la ausencia de él. El dolor que vieron sus ojos, que experimentó, le generó una indiferencia que posiblemente le permitió sobrevivir. «En aquel lugar lo primero que se perdía eran las referencias de amor y sensibilidad», llega a decir. Tras la hecatombe de los campos llega el infortunio familiar, el antisemitismo de la sociedad francesa, aun sabiendo todo lo que había ocurrido en la guerra. Rememora la autora su carrera como directora de películas documentales, sus dos matrimonios, el peso de la ausencia del padre. Se habla en diversas ocasiones de una carta que el padre logró hacerle llegar dentro del propio campo de exterminio, y de cuyo contenido no le quedan recuerdos a la narradora. Es como un señuelo que hace avanzar el relato de la otra carta, la que compone todo el libro.

Al acabar “Y tú no regresaste” vuelvo a sentir esa herida que provocan los libros necesarios. No salgo indemne, como alertaba Ignacio Martínez de Pisón en el prólogo a la novela de Amat-Piniella. No hace ni un siglo que Europa se desangraba con experimentos sociales que van más allá de cualquier forma de totalitarismo. El desastre que provocaron vacunó a varias generaciones pero hoy resucitan los temores de siempre, vuelven a erigirse alambradas, se hacen más audibles discursos supremacistas que nos tendrían que poner en alerta, pero no queremos enterarnos.

¿Puede un niño de 12 años leer este libro? Debería. No será peor lo que encuentre que la banalidad con la que se disparan en las series de televisión. En estas pocas páginas, dolorosas quizá por su austera narración, podrá descubrir el horror que encierra el fanatismo, qué lejos deberíamos permanecer de los discursos simplistas y las soluciones rápidas, cuando no finales.

Anuncios

Un comentario en “Un niño quiere leer sobre los nazis

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s