“Recomponer el espejo roto”

A muchos lectores longevos nos fascina ver leer a un niño. Inmediatamente nos sentimos reconocidos en ese pequeñajo que está descifrando mundos más o menos lejanos, absorto, alejado por un momento de la realidad que le rodea. La última novela de Ruiz Zafón llama la atención en las mesas de las librerías porque, precisamente, un niño pretende abarcar el apetitoso menú que le ofrece el escaparate de una librería. No sé si es una foto antigua “arreglada” (como ya hizo su editorial con otro título del autor hace unos años cuando retocó una de Català-Roca) pero desde luego consigue plenamente captar la atención de los lectores, de todos, porque nos sentimos reflejados en ese canijo ahíto de placer lector.

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Una amiga me envió hace poco una novela asegurándome que me iba a gustar. Ella tiene buen gusto y conoce el negocio editorial, y no dudé de su recomendación. Cuando vi la cubierta del libro que proponía quedé fascinado por la foto de la cubierta: una niña lee, en una postura que la muestra embelesada. Se aprecia que ya es costumbre, que no hay pose. Subyuga con su propia lectura. La novela con cubierta tan prometedora se titula “El mar y la serpiente”, y la ha publicado hace poco Milenio en castellano y Pagès Editors en catalán. Apareció hace una década en Argentina, de donde es la autora, Paula Bombara. Ha recibido premios de literatura infantil y juvenil, como tal ha sido catalogada, aunque creo que trasciende la etiqueta de libro para jóvenes, porque el tema que aborda no distingue de edades.

mar i serp.pngEdición en catalán, Pagès Editors

Los 30.000 desaparecidos de la dictadura argentina, reflejados en la experiencia propia de ser hija de uno de ellos, son los protagonistas de esta novela sucinta, un centenar de páginas, que parece un ejercicio de exorcismo de los fantasmas propios (y colectivos). La autora, como la protagonista, se va haciendo preguntas. La destinataria de las dudas es la madre, que inventa excusas para no abordar con crudeza una herida tan dolorosa. Pero la pequeña no se contenta con los eufemismos, y quiere saber más. No se traga que el padre muriera de un infarto, no entiende por qué estuvo una temporada cambiando continuamente de casa, ahora con unos tíos, ahora con los abuelos, quiere saber dónde estuvo su madre durante unos días que se le hicieron eternos.

Con un planteamiento muy acertado para mostrar la intensidad y el carácter recurrente de esas dudas, la novela se estructura en capítulos breves, con muchos saltos de línea, con un ritmo sincopado muy elocuente para hacer partícipe al lector de esas dudas que se escapan a borbotones. “Mamé incertidumbre durante tantos años”, dice Paula Bombara en su blog, muy interesante. Y explica que con su novela buscó “generar una suerte de memoria que marcara a los lectores jóvenes, que les abriera el deseo de investigar más, de preguntar y hablar más sobre quienes fueron perseguidos y asesinados durante la dictadura”.

En buena medida logró su propósito. Esa reiteración de las preguntas, tan del gusto infantil, no es muy diferente del sentimiento obsesivo que ahoga a los adultos cuando se esfuerzan por aplicar la lógica a la canallada que supuso la Operación Cóndor en las dictaduras del Cono Sur. Los “desaparecían”, los secuestraban, les robaban a sus recién nacidos, intentaban exterminar la subversión sin parar mientes en nada. Si los mayores, hasta los más implicados, se volvían locos intentando hallar respuesta ante tanto horror, qué podía pasar por las cabecitas de aquellos pequeños que, al sobrevivir, tuvieron que acostumbrarse a los eufemismos, las medias verdades o las puras mentiras. Al leer esta novela de apariencia inocente me acordaba de los relatos que agrupó Mario Benedetti en “Geografías” o de alguno de los reportajes de Rodolfo Walsh. Quizá la novela peque de falta de maestría (o de originalidad) a la hora de ser cerrada, pero el planteamiento es inteligente, con una puesta en escena de lo más adecuada a lo que se explica.

El mar y la serpiente_edicion argentina.jpg

Edición argentina

Paula Bombara afirma en su blog, al analizar la repercusión que tuvo la novela sobre todo en las escuelas, que hay que “mantener viva la memoria sin estar en el pasado”. En otro blog otra Paula, la responsable de la librería Al·lots (Barcelona), argentina también, agradece a su paisana el “esfuerzo por recomponer el espejo roto” y nos anima a todos a preguntar… y a escuchar las respuestas. Se trata de algo tan sencillo como necesario: cerrar el duelo. Ella lo ha conseguido con una novela intensa, que huye de las clasificaciones por edad.

Por cierto, la niña que lee en la foto de la cubierta de este libro emocionante es la propia escritora. Tiene toda la lógica.

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