El libro de la bicicleta

Durante unas cuantas semanas fue “el libro de la bicicleta”, sin más. Mi hija se acordaba de que salía una en la cubierta. Yo había tenido un ejemplar en mis manos pero ni me había fijado en el título ni me sonaba de nada la autora. Aunque recordaba también que había una bicicleta. Preguntamos en varias librerías por un libro con una bicicleta en el título y algún librero nos miraba con una mezcla mal disimulada de sorna y estupor. Yo estaba convencido de que la bicicleta del dibujo era azul, y con esa premisa seguí buscando. Infructuosamente.

Una tarde, en una librería muy curiosa que hay en el Poblenou de Barcelona, llamada Nollegiu (No leáis) y ubicada en lo que antes era una tienda de ropa, estábamos esperando (también con mi hija) que llegara Ferran Adrià a presentar una novela negra de una autora peruana, ambientada en el mundo de la alta cocina. Casi nada. Llegó el pope de la cocina tecnoemocional y apareció después el peruano Gastón Acurio, jerarca de la renovación culinaria de su país. Durante la espera, sin pretenderlo, dimos con el libro de la bicicleta, en la versión en catalán publicada por NED Ediciones. El tema se las traía, para despertar el interés de una niña de once años. El título no era precisamente optimista. Y la autora no vivió más de 13 años, hasta que cayó en manos del siniestro Mengele, en el campo de Auschwitz, un día de octubre de 1944.

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Hace unos meses ya hablamos aquí de qué arduo es satisfacer el interés de un niño que quiere saber más sobre los nazis. Es difícil ocultar la siniestra realidad, como es complicado no caer en la sensiblería al intentar explicar a unos niños la magnitud de la maldad humana. Habitualmente se recurre al padre bienintencionado de “La vida es bella”, al niño del pijama de rayas o a una versión expurgada del diario de Anna Frank, pero no nos gusta a los mayores quebrar la inocencia infantil con narraciones más poderosas como “La lista de Schindler” o “Shoah”, los recuerdos de Primo Levi, Mariano Constante o Joaquim Amat-Piniella, las fotos de Francesc Boix ni siquiera el cómic de Spiegelman, por citar unos pocos.

Cuando le eché un vistazo a la contra y a las solapas del “libro de la bicicleta” empecé a dudar de si eso lo soportaría una niña de once años recién cumplidos, lectora voraz (eso sí) a la que casi ningún tema le resulta ajeno. Se empeñó y se lo leyó, a tragos cortos, sufriendo más de una vez no tanto por lo que se cuenta como por lo que se imaginaba. El libro ha sido considerado como una versión “húngara” del Diario de Anna Frank, no en vano en los dos casos las autoras son dos jóvenes que narran su cautiverio, una en Amsterdam, la otra en la actual Oradea (Rumania) en lo que entonces era Nagyvárad (Hungría). Las dos ven cómo el mundo se desmorona mientras ellas abren los ojos a una realidad que no pueden acabar de asimilar. Eva Heyman, la autora de “He viscut tan poc”, comienza a escribir el día de 13º cumpleaños, en febrero de 1944, y sus páginas no van más allá del mes de mayo, cuando es deportada a Polonia, para desaparecer en octubre, en un camión amarillo con dirección a los hornos.

La profundidad de algunas de sus reflexiones, sus lamentos ante lo que intuye que será una vida muy corta, su rebeldía precisamente ante la apatía con que sus paisanos asimilan todas las vejaciones que sufren, el dolor por la desaparición de Marta, su mejor amiga, la deliciosa relación que establece con su padre y su padrastro (que choca con el escepticismo con el que mira a su madre) son algunos de los muchos afectos y emociones que contienen estas cien páginas intensas, que uno imagina de caligrafía apretada. Un planteamiento tan redondo, por la fecha de inicio, por cómo se salvan los papeles, por la perfecta organización del tempo narrativo, con ese crescendo que no ahorra ningún sufrimiento al lector, lleva a sospechar a veces si no será todo una de esas narraciones documentales salpimentadas con un personaje infantil y un destino fatal. Una especie de manuscrito hallado en una maleta destinado a convertirse en un best-seller de la llamada “literatura del Holocausto”. Pero no.

En la edición catalana, el libro lleva un prólogo de Vicenç Villatoro así como un texto de Ágnes Zsolt, madre de Eva, que consiguió llegar a Suiza y salvarse. Allí explica cómo se conservó el diario. Y se cierra con un epílogo de Mihály Dés, que contextualiza la obra y remata su preciso texto con una frase que define certeramente lo que el lector todavía no acaba de asimilar, cuando pasa la última página: “el relato de su marcha hacia la muerte se convierte en una reivindicación triunfal de la vida”.

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4 comentarios en “El libro de la bicicleta

  1. ¡Gracias por la reseña! Tomo nota para mis hijas lectoras y curiosas (9 y 11 años), y para mí. En casa ya hemos visto con ellas ‘El niño del pijama de rayas’, ‘La vida es bella’, La lista de Schindler’, ‘El Pianista’…

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