Creo que somos muchos los que, viviendo en Cataluña, tenemos la sensación de habitar una suerte de irrealidad fruto de una historia falsa hecha a base de pequeños fragmentos escogidos de relatos totalmente reales. Cada poco tiempo asistimos a un giro inesperado en la narración, o vemos, perplejos, que desde fuera de esta tierra nos explican cómo tendríamos que hacer las cosas para que cuadrara con lo que “debería ser”.

Vivimos momentos de esquizofrenia, con la sensación de que no entendemos lo que ocurre a nuestro alrededor, estupefactos ante opiniones que sin haber pisado nuestras calles se quedan tan tranquilas diciéndonos por dónde debemos girar. A los que tenemos la certeza de que el emperador, de aquí y de allá, va desnudo, nos llaman “equidistantes” y desde hace tiempo hay que considerarlo un insulto.

Uno llega a la conclusión de que está rodeado de majaderos, sometido a las decisiones de personas que hacen más caso a sus ensoñaciones que a un análisis mínimamente cuidadoso de la realidad. Van pasando los días, los meses, hasta los años, y casi nada nos sorprende. Desde hace un tiempo, como me gusta que la radio me acompañe, me he refugiado en emisoras que eluden la política: Betevé, Radio 3, Ràdio 4, Icat, hasta Rock FM… Me apetece saber cosas, descubrir qué hay de nuevo en el ancho mundo, no desconfiar de un autor por el mero hecho de que sea de una nacionalidad… u otra.

La semana pasada, en la versión en español de The New York Times, apareció un texto sobre Quim Torra firmado por Daniel Gascón, redactor de Letras libres. Cuando empecé a leerlo me chocó que en la primera línea hablara de la “Generalidad”. En este país usar determinados nombres castellanizados ya no deja duda sobre el sesgo que tendrá un texto. No defrauda las expectativas Gascón: en las siguientes líneas hace un preámbulo catastrofista de la situación en Cataluña que, visto desde la propia Cataluña, tiene mucho de cartón piedra: fuga de miles de empresas, políticos huidos, mala imagen para España y la propia Cataluña… Ni un ápice de empatía hacia los catalanes que se consideran más catalanes que españoles (que son más de dos millones), ni una mención a las “collejas” que desde hace tiempo prodigan en Europa a la justicia española ante lo que parece un ejercicio de sobreactuación legalista, nada sobre la represión policial el día 1 de octubre, cuando se llevaron hostias incluso los pocos que fueron a votar que no.

Un texto que denuncia los tuits desaforados de Quim Torra, con tantas agarraderas para denunciar ese “supremacismo”, está escrito sólo para convencidos y, del mismo modo, parece tomar por tontos a los que puedan albergar alguna duda sobre ese planteamiento maniqueo. Pero como la imbecilidad está muy extendida, al día siguiente de este texto tan poco elaborado, el antaño venerable diario La Vanguardia cuela en su edición digital esta noticia, posiblemente a la busca de clics que se puedan intercambiar por ingresos publicitarios. O quizá en busca de un enemigo exterior en los aragoneses para tener más prietas las filas.

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Torpeza tras torpeza. A Quim Torra lo tildaron de “supremacista”, “xenófobo”, “racista”, “excluyente” y no sé cuántas cosas más desde todos los lados. Un cafre con micrófono abogó por bombardear Barcelona, varios políticos dijeron muy circunspectos que había que intervenir ya TV3, la policía autonómica y la escuela mediante un ampliado artículo 155, y desde el PSOE pidieron adecuar la ley para poder hacer frente a la “rebelión”. La Vanguardia tuvo a bien destacar la procedencia aragonesa de un articulista que escribe en castellano para una web neoyorkina con vocación mundial.  Y este es el nivel de “frikismo” en el que nos desenvolvemos.

Ha habido mucha literatura sobre el “procés” (otro eufemismo) pero casi siempre pasa como con el artículo de Gascón, sólo se escribe para convencidos. Hace unos meses, sin embargo, apareció lo que el propio autor consideraba un “panfleto” y es en realidad mucho más que eso. Lo  publicó  Anagrama a finales de 2017 en catalán y castellano, lo firmaba un filólogo llamado Jordi Amat y tenía un título de lo más elocuente: “La confabulació dels irresponsables” / “La conjura de los irresponsables”. Cien páginas, ni una más, para intentar contextualizar de dónde viene todo esto que estamos viviendo, para mostrar que esta “nave de los locos” la han pilotado unos cuantos políticos que han ido inflamando su palabrería para ocultar sus miserias. Al desafío de unos (más retórico que tangible) han respondido los otros con la ley de su mano, que para eso es suya. La chulería de estos ha agudizado el ingenio de los primeros. Todos ellos han ido retorciendo las palabras, apelando a principios cada vez más elevados, arguyendo razones históricas para justificar sus tropelías, envolviéndonos en su palabrería, pidiéndonos que nos alistemos en sus filas sin tener muy claro qué horizonte prometernos.

conjura irresponsables

Creo que el libro de Jordi Amat es incomodo para los dos bandos en litigio, porque pone de manifiesto lo endeble del discurso que pregonan en Madrid y Barcelona. Dice Amat en la página 47: “el procés, essencialment, s’hauria d’explicar com l’assumpció progressiva pel corrent central de la ciutadania de Catalunya d’una mutació del catalanisme. (…) Així, per molts, la vivència normalitzada dels catalans com a ciutadans de l’Estat s’ha fet problemática o s’ha fet innecesària i fins i tot insuportable (…) Una part considerable de la societat catalana ha interioritzat que la pertinença a Espanya és una rèmora.” Y, ante la respuesta desarbolada de las autoridades españolas, Amat (que no se considera en absoluto soberanista) habla “de bons amics independentistas a qui la guerra bruta ha esbotzat l’horitzó. Avui, aconseguint votar, reconquereixent l’honor. No puc compartir la seva il·lusió perquè dubto que el nostre context possibiliti una independència postmoderna, però tampoc puc negar el dolor que s’ha sembrat”.

Un periodista de los que no rehúyen la polémica como Ignacio Sánchez-Cuenca recomendaba vivamente hace unos meses el libro de Jordi Amat. En el recomendable suplemento literario del diario en catalán Ara entrevistaban al propio Amat, i creo que hacían de tripas corazón para titular así: “El Procés ha de fugir del relat i tornar a la realitat”. Como este libro está en las dos lenguas inteligibles para casi todos los actores del “relato”, sería muy interesante que todos pudieran acercarse a él. Por menos de ocho euros, en un centenar de páginas, todo el mundo puede acceder a unas cuantas claves que explican por qué ha fracasado la política, por qué este lodazal de hoy empezó gestarse hace unos años, cuando los “irresponsables” del título empezaron a agitar las aguas, sin tener muy claro si pescarían algo.

Y siguen…

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Un comentario en “Vivir en un relato

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