Una novela excéntrica

Hace un tiempo hablábamos aquí del atractivo riesgo que corrían las cubiertas de los libros de Edicions del Periscopi. Hay que creer mucho en lo que ofreces para atreverte con unas cubiertas que llevan la contraria a la multitudinaria competencia con la que se encontrarán tus libros en en el punto de venta.

Para mí, este peculiar aspecto se ha convertido en una marca de calidad, que anticipa propuestas atractivas y, con semejante criterio tan poco objetivo, me puse a leer “Les generacions espontànies”, una excéntrica novela que no se si es sencillamente una recopilación de relatos alrededor de una excusa argumental bien hallada: la elaboración de un currículum vitae para presentarse a una entrevista de trabajo.

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Del espíritu jocoso y con poso iconoclasta puede dar fe la dedicatoria con la que la autora, Mar Bosch Oliveras, encabeza la vorágine que se avecina: “als agrònoms de lletres, als filòsofs que diuen que no ho són i a les psicòlogues alegres (…), als llibreters d’energia atòmica (…), a les geògrafes en un món de roses i baobabs; (…) als avis i germans que són el suport de generacions senceres”.

La entrevista de trabajo mencionada permite a Eva, la protagonista, que vaya enumerando su experiencia profesional, no sin antes endilgarnos la narración de una serie de zombis que mira en la tele mientras se imprime el CV. Va adobando sus habilidades profesionales con todo tipo de anécdotas, recuerdos absurdos o comentarios inapropiados, que proporcionan al conjunto esa frescura que raya con la irreverencia hacia los que siempre piensan enarcando las cejas.

En esta sucesión casi surrealista de historias aparecen sus jornadas laborales como genetista en el cultivo extensivo de la fruta, como tanatomaquilladora, como detective privada o como maestra, tanto en escuelas públicas como privadas, sin olvidar tampoco una historia de amor vivida en el trabajo o las expectativas que se abren en la empresa para la que se está entrevistando.

Esta divertida gamberrada entronca hacia el final con aquella película que dio fama y espectadores a Fernando León de Aranoa. Se llamaba “Familia” y, como esta novela, era capaz de dibujar rictus de estupefacción y asombro para después provocar risas de más o menos intensidad hasta terminar congelándonos la sonrisa.

Así, sin más.

 

 

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Edicions del Periscopi, la promesa de unas cubiertas

Son unos envoltorios curiosos, arriesgados, mudos en su contraportada y con toda la información textual en la mitad de la cubierta. Allí aparece también, destacado, el nombre del traductor, hecho infrecuente en la edición española o catalana. Son cubiertas atractivas, que mezclan en el título algo que parece sacrílego a ojos de un diseñador convencional: la mitad del texto va en cursiva y la otra mitad en redonda y negrita. Es una tipografía clásica, con remate. El nombre del autor, el del traductor y los paratextos aparecen en una tipo moderna, palo seco, en la línea de una Meta o una Frutiger. Una ilustración que ocupa la mitad de la cubierta y se extiende por la totalidad de la contra y hasta se enseñorea de las solapas.

Estas cubiertas ocupan un lugar destacado en las mesas de novedades de las librerías que ejercen como tales, más allá de ser dispensadoras de libros. Y suelen estar también entre las mesas de recomendaciones de las bibliotecas, a pesar de que los autores no son de los que frecuentan las listas de “más vendidos” en los medios. Estamos hablando de los libros de Edicions del Periscopi , que en poco más de tres años se han hecho un hueco más que visible en el panorama de la literatura en catalán, con el propósito de ejercer de independientes y la apuesta “por la originalidad, la diferencia, el talento y la excelencia”. Así lo declaraba, como una especie de mantra, Rafel Aniol coincidiendo con la aparición de los dos primeros volúmenes del sello.

escombra del sistema

En esta misma entrevista ya tenía claro que David Foster Wallace sería uno de sus objetivos, en el afán por verter al catalán obras “canónicas” de la literatura actual. Y decidieron que la primera obra que publicó en inglés el llorado escritor estadounidense sería precisamente la primera que apareciera traducida al catalán. “L’escombra del sistema” es una novela que combina transgresión formal con gamberrismo en el planteamiento, que presenta personajes delirantes en situaciones surrealistas (o viceversa) y que no tiene final porque quizá no empezó en ningún momento. El crítico Sergi Sánchez tituló su pieza en El Periódico con un sugerente “Parlar per no callar”, para sentenciar que Foster Wallace parecía “escribir buscando una salida”. Dicho todo sin ningún ánimo de ofender.

El citado Rafel Aniol justificaba la elección de este título para enriquecer el catálogo de Periscopi calificando la novela como “feroz, divertida, exuberante, divertida e inteligentísima”. Y todo es verdad, aunque se pueda quedar corto, para intentar desentrañar qué hace tan adictiva esta historia que se desarrolla aparentemente sin pies ni cabeza en un lapso de tiempo de prácticamente una década. El supuesto planteamiento puede producir escalofríos: desaparecen de una residencia una treintena de ancianos, entre ellos la bisabuela de la protagonista, estudiosa aquélla de la filosofía de Wittgenstein en su juventud. Lenore Beadsman, personaje central de esta obra que por momentos parece un “Tristram Shandy” trasladado al siglo XX y al estado de Ohio, duda entre dos hombres, a cada cual menos interesante, y trabaja como telefonista a pesar de ser una de las herederas de un emporio de la industria de la comida enlatada. En un momento dado aparece una cacatúa, Vlad el Empalador, que habla con una claridad pasmosa y suelta frases de lo más procaces que pueden ser interpretadas en clave bíblica por uno de esos telepredicadores con habilidad para hacer dinero convenciendo a sus teleparroquianos de que el Dios del Cielo se ha transmutado en un loro capaz de soltar una ristra de verdades reveladas.

Uno de los personajes suelta una de esas sentencias para subrayar, que merecen por sí solas la lectura de varios centenares de páginas. En plena duda metafísica, previendo una crisis de pareja, con la cacatúa apareciendo en televisión para millones de espectadores, concluye que “el Cristianismo es la manera como el Universo se castiga a sí mismo, en realidad el Cristianismo es la oferta de una recompensa irresistible a cambio de un servicio imposible de realizar”.

La mezcla de frases rimbombantes con una estructura por momentos absurda, la sucesión de personajes despistados por mor de la realidad que el autor les dibuja combinada con recursos narrativos que alternan los diálogos chispeantes con informes psiquiátricos, entradas de un diario personal o descripciones tradicionales, más propias de la novela decimonónica… son algunos de los muchos elementos en liza en esta obra que casi se puede abrir por cualquier página para zambullirse en ella y salir tan aturdido como deben de hallarse los protagonistas.

La obra de David Foster Wallace es la confirmación de que la declaración de intenciones de los responsables de Edicions del Periscopi era sincera. Que dure por muchos años y que resistan sus atrevidas cubiertas.