El presente de un futuro ya pasado

Ha sido un verano duro, en lo tocante a emociones. Noticias no demasiado buenas se han ido sucediendo, con un impacto emocional notable. Había días, y noches, en las que no lograba encontrar ni el refugio de la lectura. Los libros que me han acompañado durante estas semanas quedarán en mi memoria como lecturas en sordina, con una veladura que no me permitirá recordar si aquello que leí era así o una simple distorsión producto de la falta de concentración, que me impidió apreciar con nitidez las historias que se narraban.

En un incómodo sillón de hospital, al lado de una cama donde sufría una persona muy querida, encontré distracción en un libro no precisamente fácil. Una novela peculiar, que exige concentración y que premia con creces el esfuerzo que se le dedica. Era la primera vez que me acercaba a las historias de Rodrigo Fresán, un escritor argentino (por ponerle una procedencia) que parece universal por sus intereses y por la ambición con la que dicen que construye su obra. Llegué a él después de haberle escuchado en directo, hace muchos años, durante un posgrado de crítica literaria al que vino para hablarnos de una novela que tenía a punto de caramelo: “Jardines de Kensington”. No sé si tuvo mucho éxito de ventas pero sí logró el reconocimiento de los críticos. Él mismo pertenece al gremio, aunque en una entrevista reciente, imperdible, en Jot Down, se reconocía más como “evangelizador”, cuando parecían reprocharle en la una pregunta por qué casi siempre habla bien de los libros que reseña.

esperanto en mondadori

Me llevé de vacaciones, sin prever las sorpresas que esperaban en un box de Urgencias, varios libros de Fresán. Sólo pude rematar el más ligero en cuanto a páginas: “Esperanto”, en una “edición corregida y aumentada” de 2011, publicada por Mondadori sobre un original fechado en 1995. Llama la atención en la cubierta la foto de Bob Dylan, que lee con gafas de sol y su melena alborotada un diario, mientras su mano derecha sostiene un cigarro, y un café le espera la mesa. En la entrevista antes mencionada dice Fresán que este libro surgió de un sueño, lo escribió en una semana, “y es casi intocable”, para añadir que lo único que hizo en la reedición fue ponerle a Dylan en cubierta (en la original aparecía James Dean). Si es verdad, como sostienen algunos críticos, que Fresán siempre está reescribiendo el mismo libro, “Esperanto” debe de ser una puerta alfombrada para un viaje con paradas en estancias amuebladas con muy buen gusto.

esperanto en tusquets

No es una novela sencilla, porque está repleta de claves y referencias que viajan atrás mientras siembran la lectura de asideros para no perderse. Con un texto pautado día a día, de domingo a domingo, vamos descubriendo la vida de Federico Esperanto, que es la vida de un país. Uno de los grandes escritores argentinos, Osvaldo Soriano, lo resumió enigmática y certeramente: “la Argentina es algo ocurrido y enterrado, un dudoso objeto de cuidadosa memoria. Fresán lo ve así y elabora un presente difuso que transcurre en un futuro ya pasado”. Parece un trabalenguas y es, en realidad, una definición. Esta novela es densa, es rocambolesca, es local y universal, lleva a Dylan en sus entrañas pero habla de una canción del verano, “Las intermitencias del corazón”, fundamental para seguir el hilo del relato, básica para perderse en los meandros de la narración.

Al intentar recordar lo que este libro me sugirió se agolpan imágenes, canciones, noticias, nombres… que uno no sabe si ya son producto del caos mental en el que fue leída la novela o están en la raíz de la sucesión de historias que, aunque mínimas, enriquecen el tronco de la narración. Tres páginas escasas, al final del todo, bajo el epígrafe “Feriado” recopilan muchas de estas referencias: Zamenhof, Scott Fitzgerald, James Dean, Jack London, The Beatles, John Cheever, Serge Gainsbourg&Jane Birkin, Marcel Proust, Marlon Brando…

Dice Fresán, a modo de cierre de esta “edición corregida”, que Federico Esperanto “sigue navegando” y que le gustaría preguntarle “qué hizo o qué deshizo durante todos estos años” si alguno de los lectores alcanza a verlo y le deja aviso. Pocas líneas antes perfila sus rasgos, que coinciden con el “rostro un tanto malicioso de Tim Roth” al tiempo que señala que su acompañante, La Montaña García, “no podía ser otro que el gran y grande John Goodman”.

Más referencias cruzadas para una novela de apariencia convencional, con un organismo a prueba de bombas.

Anuncios

Cómo se fabrica un best seller

Escribía hace poco Rosa Ribas en El Periódico de Catalunya un artículo en el que repasaba “los libros expuestos a la ofensa pública del abandono” en una estación de metro de la plaza de Merianplatz, cercana a su casa de Frankfurt. Repasaba someramente  títulos y autores y no eran muy diferentes a los que se pueden encontrar en los espacios habilitados para el bookcrossing en las bibliotecas y centros cívicos de Barcelona: Susanna Tamaro y Patrick Süskind se alternan en Alemania con los “locales” Johannes Mario Simmel y Hera Lind, como ocurre en las mesas barcelonesas con los best seller de Vázquez Figueroa o Corín Tellado, en dura pugna con “Los cipreses creen en Dios” o los tomos de las enciclopedias que los diarios “regalaron” hace unos años y que hoy ocupan, proporcionalmente, mucho más espacio de la utilidad que proporcionan.

Esta apoteosis del best seller, como la propia Ribas comentaba, mantiene engrasada la maquinaria editorial y con sus beneficios permite que se puedan editar obras “condenadas” a públicos minoritarios. Es la cara diametralmente opuesta de una novela de David Foenkinos (él mismo un autor de ventas masivas en su Francia natal y no desdeñables en otras lenguas), que acaban de publicar Edicions 62 en catalán y Alfaguara en castellano. Se titula “La biblioteca dels llibres rebutjats” en la versión catalana y aborda, como avanza el título, el destino que le espera a los manuscritos que desdeñan las editoriales. Una novela de novelas, incluso de best seller, que ha despertado la atención de los suplementos literarios porque se inspira en una iniciativa bien real, The Brautigan Library, en EEUU.

brautigan library

Esta peculiar “biblioteca de bodrios” aparece en las primeras páginas de la novela de Foenkinos, como si fuera necesaria la explicación de qué viene a continuación. Enrique Vila-Matas la incluyó en su libro de “literatos” que un día dimitieron, y muchos lectores creyeron que era otra broma del escritor barcelonés. En un texto reciente en El País, volvía a hablar de ella, precisamente para anunciar que Foenkinos acababa de publicar en francés Le mystere Henry Pick, mucho menos elocuente título que el que han puesto a sus versiones en catalán y castellano.

Explicaba sucintamente Vila-Matas de dónde venía la idea de tan peculiar biblioteca, a la que llegan “con ritmo desaforado” los manuscritos rechazados por las editoriales. Este curioso almacén de obras inéditas fue mencionado por Richard Brautigan en una novela titulada “El aborto” y, tras el suicido del escritor, un admirador suyo hizo realidad aquella ficción. Pasó por distintos avatares, cerró, y renació de sus cenizas en el Clark County Historical Museum de Vancouver, en el estado de Washington. Un cartel en la entrada la autodefine como “a very public library”.

David Foenkinos imagina en Francia una biblioteca similar, en la localidad bretona de Crozon. Y a partir de ahí se van encadenando historias, se van abriendo libros dentro del libro, en lo que parece una obra de pop ups, esos desplegables que han extendido su éxito desde el público infantil hasta las franjas de edad más longevas. Es una novela en la que más de un personaje se pierde por el camino, sin demasiados remilgos por parte del narrador para justificar sus fugaces presencias.

Repleta de guiños a los lletraferits, especialmente si conocen algo del mundillo literario en lengua francesa, se recuerda la negativa de Andre Gide a publicar “En busca del tiempo perdido” de Proust como uno de los momentos cumbre de la ceguera literaria; sale escarnecido un crítico de Figaro littéraire que vivió días de gloria repartiendo o quitando laureles de celebridad y ahora se reivindica como descubridor de la patraña que se esconde tras un best seller lleno de misterios. Se menciona a Pivot y su mítico programa de entrevistas a escritores, y hay abundantes “cameos” que fortalecen esa complicidad entre el escritor y sus lectores.

biblioteca llibres rebutjats_9788429775709

La historia parece que se centra en un pizzero de Crozon que dejó una novela en la biblioteca de libros “no queridos” de su pueblo, sin que hubiera constancia alguna de que jamás hubiera leído un libro o hubiera escrito más líneas que las de la lista de la compra. El libro se convierte en un éxito absoluto que encadena ediciones sin cesar. La gloria póstuma, porque el pizzero lleva un tiempo muerto, la viven (y hasta padecen) su viuda y su hija. Un guiño a John Kennedy Toole y su “conjura de los necios”, publicada por el empeño de la madre del escritor después de que éste se suicidara trs verse rechazado. Aparece mencionado Roberto Bolaño y su “2666”, otro caso de éxito que el autor no llegó a disfrutar después de una vida absorbido por la pasión de escribir, conocedor de que la vida se le iba a borbotones.

El lector va descubriendo más sobre las condiciones en que escribía el pizzero mientras la verdadera pareja protagonista, una editora que parece conocer las claves del éxito comercial de un libro y su novio (escritor de escaso eco) viven a la sombra de semejante bombazo. Se despliegan historias menores, ya hemos dicho que aparecen personajes que asoman la cabeza y poco más, se intuyen sorpresas más o menos desveladas y, al final, se descubre que cuando hay tanto dinero en juego las apuestas suelen ser con cartas marcadas.

biblioteca libros rechazados 9788420426372

Se ha paseado David Foenkinos por la prensa española. Está en plena promoción y su obra es jugosa por lo que tiene de pedigrí cultureta con vocación de libro de ventas abundantes. Ha explicado que su vida cambió cuando una afección cardiaca lo convirtió en un lector voraz, aunque de vocación tardía. Hablábamos aquí de otra obra suya, hace bien poco. Y la comparábamos con esas pelis francesas que dejan un regusto amargo pero se ven con una media sonrisa, porque hay algo que acabará estropeando un día soleado.

Es una novela amable, entretenida, con permanentes guiños a los lectores, tentándoles la mano, por si dejan de caminar. Como pasó con “La delicadeza”, la otra novela recién mencionada de Foenkinos, aquí puede haber una película.

Y no nos importaría verla.